
El hockey lleva formando parte de mi vida desde que era pequeño. He pasado tantos años alrededor de una pista que me resulta difícil separar una parte importante de quién soy de todo lo que he vivido dentro de ella.
Empezó siendo simplemente un deporte. Entrenar, jugar, competir, viajar con el equipo y esperar con ganas el siguiente partido. Con los años fue convirtiéndose en algo bastante más importante. El hockey ha condicionado mi rutina, mis decisiones, mi forma de entender el esfuerzo y, probablemente, también mi manera de afrontar muchas cosas fuera del deporte.
Desde 2016 soy Deportista de Alto Rendimiento y durante todos estos años he tenido que aprender a hacer convivir dos vidas que muchas veces compiten por el mismo tiempo. Entrenamientos, partidos y viajes han convivido con el instituto, la universidad, el trabajo y mi formación profesional.
No siempre ha sido fácil, pero tampoco cambiaría demasiado de todo aquello.
Crecer compitiendo

Durante estos años he tenido la oportunidad de competir a nivel nacional y vivir momentos que cuando empecé a jugar ni siquiera imaginaba.
He sido campeón de España, dos veces subcampeón y también he conseguido un bronce en Campeonatos de España. He ganado dos ligas nacionales y he pasado por diferentes categorías hasta competir también en Primera División Nacional.
Evidentemente, me siento orgulloso de esos resultados.
Pero con el tiempo he entendido que los recuerdos que más me han marcado no son necesariamente aquellos en los que levantamos algo.
También recuerdo entrenamientos normales un martes por la noche, viajes eternos con el equipo, vestuarios antes de partidos importantes, temporadas en las que todo parecía funcionar y otras en las que absolutamente nada salía como esperaba.
Porque competir durante muchos años significa inevitablemente convivir con las dos partes.
Ganar y perder.
Jugar mucho y jugar menos.
Sentirte importante dentro de un equipo y preguntarte en otros momentos qué necesitas hacer para volver a serlo.
Tener confianza y perderla.
Y volver a empezar.
Creo que ahí está buena parte de lo que el hockey me ha dado.
Lo que ocurre cuando nadie está mirando
Una de las cosas que más me ha enseñado el deporte es que casi todo lo importante ocurre antes del resultado.
Desde fuera se ve un partido.
Desde dentro hay muchas horas que nadie ve.
Está el entrenamiento al que llegas cansado y en el que igualmente tienes que intentar hacer las cosas bien. Está repetir un gesto técnico cientos de veces porque todavía no sale como quieres. Está volver a entrenar después de un partido malo, aceptar que no has estado bien y tratar de entender por qué.
También está aprender a formar parte de un equipo.
El hockey es rápido, físico y bastante caótico. Hay muy poco tiempo para pensar y constantemente dependes de otras personas. Puedes hacer un gran partido individualmente y perder, o tener un día horrible y que tus compañeros te saquen adelante.
Con los años he aprendido que competir no significa únicamente querer ganar.
Para mí tiene mucho más que ver con la necesidad de intentar ser mejor de lo que eras antes.
Exigirte, pero también aprender a convivir con no estar siempre al nivel que quieres.
Y esa segunda parte probablemente sea bastante más difícil.

Alejarme para darme cuenta de que quería volver
Hubo una etapa en la que me alejé de la competición.
Después de tantos años alrededor del hockey necesitaba vivir otras cosas, cambiar de ambiente y descubrir cómo era mi vida cuando el deporte dejaba de ocupar tanto espacio.
Y creo que me vino bien.
Especialmente importante fue mi etapa de Erasmus en Molde, Noruega. Fue una experiencia completamente diferente a mi rutina habitual y uno de esos periodos que, sin darte cuenta en el momento, terminan cambiando la perspectiva con la que ves muchas cosas.
Entre ellas, el hockey.
Curiosamente, estar lejos me hizo darme cuenta de cuánto echaba de menos competir.
No solamente jugar.
Competir.
Tener un partido por delante que importe. Prepararme durante la semana. Sentir los nervios antes de empezar. Tener que tomar decisiones cuando estás cansado. Equivocarme, volver al banquillo y tener otra oportunidad treinta segundos después.
Cuando regresé sabía que quería volver a intentarlo.
Volver no significa volver al punto en el que lo dejaste

Creo que esa fue una de las primeras cosas que tuve que aceptar.
En mi cabeza seguía existiendo el jugador que había sido. Sabía qué cosas podía hacer técnicamente, recordaba ciertas sensaciones y tenía una determinada imagen de mi nivel.
Pero después llegas a la pista y el deporte te pone bastante rápido en tu sitio.
Volver ha sido también aprender a convivir con la distancia entre el jugador que sé que puedo ser y el jugador que algunas veces soy realmente cuando empieza un partido.
Hay días en los que me siento suelto, leo bien el juego y las cosas salen prácticamente sin pensarlas. Y hay otros en los que estoy más rígido, decido demasiado pronto qué voy a hacer o doy ese giro de más antes de tirar que termina haciendo desaparecer una oportunidad.
Esa diferencia me ha hecho pensar bastante sobre cómo entendemos el nivel de un deportista.
Saber hacer algo no significa ser capaz de hacerlo siempre.
El verdadero reto es conseguir que aquello que eres capaz de hacer aparezca cuando el partido va rápido, cuando estás cansado, cuando tienes presión y cuando solamente dispones de una fracción de segundo para decidir.
Y en ese proceso estoy ahora.
Otra vez con algo que perseguir
Mi objetivo actualmente es volver a consolidarme al nivel de Primera División Nacional.
Pero intento no plantearlo únicamente como llegar a una determinada categoría.
Lo que realmente quiero es descubrir cuál puede ser mi nivel si vuelvo a hacer las cosas bien durante suficiente tiempo.
Estoy trabajando especialmente en recuperar esa sensación de jugar suelto, mejorar mi velocidad y explosividad, tomar mejores decisiones, ser más efectivo técnicamente cuando aparece la fatiga y volver a tener la confianza necesaria para intentar cosas sin haber decidido la jugada antes de que ocurra.
Hay una parte física.
Hay una parte técnica.
Y hay una parte mental que probablemente sea igual de importante que las anteriores.
Sobre todo, quiero volver a ser un jugador capaz de influir realmente en los partidos.
No sé exactamente dónde está mi techo y creo que precisamente eso es lo que vuelve interesante el proceso.

El hockey fuera de la pista
Durante mucho tiempo pensé que mi vida deportiva y mi vida profesional eran dos cosas bastante independientes.
Cada vez lo creo menos.
Muchas de las características que hoy intento trasladar a mi carrera profesional las aprendí antes en un vestuario que en una universidad.
La disciplina de trabajar incluso cuando ese día no apetece demasiado. La capacidad de recibir una crítica sin convertirla automáticamente en algo personal. Entender que formar parte de un buen equipo requiere asumir distintos papeles. Aprender de personas mejores que tú. Competir sin olvidar que el resultado depende de todos.
Y especialmente una idea: ser constante cuando todavía no hay resultados.
En el deporte puedes entrenar durante semanas y sentir que prácticamente no estás avanzando. No existe una recompensa inmediata por cada hora que dedicas. Simplemente confías en que la suma de muchas pequeñas cosas terminará apareciendo cuando realmente la necesites.
Creo que esa forma de pensar se ha quedado conmigo.
También fuera de una pista.
Seguir
No sé durante cuántos años más competiré.
Ni sé exactamente hasta dónde llegaré esta vez.
Hace tiempo probablemente habría necesitado tener una respuesta mucho más concreta. Ahora me interesa más el proceso.
Quiero entrenar bien. Quiero volver a sentirme cada vez más cómodo dentro de la pista. Quiero competir contra jugadores mejores que yo. Quiero terminar una temporada sintiendo que soy mejor jugador que cuando empezó.
Y quiero disfrutar de todo lo que ocurre mientras intento conseguirlo.
Porque después de tantos años, parones, victorias, derrotas, buenos partidos, partidos horribles, viajes, equipos y vestuarios, he entendido que mi relación con el hockey nunca ha consistido solamente en ganar.
Tiene que ver con volver.
Con seguir teniendo algo que perseguir.
Y con esa sensación difícil de explicar que aparece cuando entras en una pista, empieza a rodar el puck y durante un rato todo lo demás deja de importar.
Por eso sigue aquí.
Y por eso esta parte de mi historia todavía no está terminada.